KIWI nació en una tesis de maestría en innovación.
Pero antes de eso, nació en la práctica real. En auditorios llenos. En charlas magistrales. En sesiones “correctas”, bien intencionadas… y profundamente aburridas.
El mundo no necesita más marcas silenciosas.
Necesita marcas que digan lo que piensan.
Que se hagan cargo.
Que incomoden cuando toca.
Que no disfracen los problemas con discursos bonitos.
Somos un laboratorio de bienestar, prevención y salud mental que trabaja con
colegios, universidades y comunidades. Diseñamos experiencias, procesos y
estrategias que buscan una cosa muy concreta: cuidar mejor a las personas,
especialmente a quienes están creciendo.
KIWI nació en una tesis de maestría en innovación.
Pero antes de eso, nació en la práctica real. En auditorios llenos. En charlas magistrales. En sesiones “correctas”, bien intencionadas… y profundamente aburridas.
Durante años, hicimos lo que hacía casi todo el sector:
Y aunque queríamos cuidar, muchas veces no conectábamos.
No movilizábamos. No transformábamos.
Eso también es parte de nuestra historia.
No se puede hablar de
salud mental sin
entender la cultura.
No se puede prevenir
sin escuchar de
verdad.
No se puede cuidar
desde formatos que
nadie quiere habitar.
No se puede trabajar el
bienestar mientras
se normaliza el daño.
Y tampoco se puede prevenir si no conectamos con el público más retador:
jóvenes y adolescentes críticos, rebeldes, desafiantes,
que no le creen a nadie porque ya han escuchado demasiado.
La prevención solo existe cuando estamos conectados:
Trabajamos con colegios y universidades y organizaciones en distintas ciudades del país. Nos confían sus equipos, sus estudiantes, sus preguntas más difíciles. Y eso no lo tomamos a la ligera.
Personas que están todos los días en la primera línea del cuidado de las próximas generaciones.
En KIWI somos sus mayores fans. Trabajamos para que se sientan acompañados, respaldados y orgullosos de lo que hacen. Hacemos hasta lo imposible para que amen trabajar con nosotros, porque creemos profundamente en su rol.
Nuestra casa no es una oficina.
Nuestra casa es la de nuestros clientes.